Las obras de los becarios: "Figura" de Héctor Valazza

Las obras de los becarios: “Figura” de Héctor Valazza

La obra Figura fue ejecutada en el marco del viaje europeo que emprendió Héctor Valazza en carácter de becario entre 1923-1927, probablemente en Berlín (Alemania), una de las últimas ciudades europeas visitadas por el escultor en su gira, que además incluyó ciudades españolas (Ávila, Madrid), italianas (Florencia, San Gimignano) y la capital francesa.

Vista interior del museo (1933)

Vista interior del museo (1933)

La obra arribó a Córdoba entre los últimos meses de 1926 y los primeros de 1927, como parte de los compromisos asumidos por el escultor en su carácter de becario (entre ellos, el deber de enviar anualmente una obra destinada a la provincia). A diferencia de los envíos previos del becario (Viejo avilense y Mujer de Ávila), Figura no fue exhibida públicamente, ni mencionada en la prensa sino hasta la llegada del artista a la ciudad en julio de 1927, con motivo de lo cual La Voz del Interior publicó una entrevista. Allí se señalaba que: “…. cumpliendo lo establecido por la ley respectiva creadora de las becas, Valazza envió un torso de mujer que no sabemos por qué causa no fue expuesto, estando aún en los sótanos del Museo Provincial de Bellas Artes.” La nota fue acompañada por una reproducción de la obra Figura, dedicándole además algunas palabras críticas al trabajo del artista, señalando que: “Últimamente su espíritu inquieto se sintió contagiado por las nuevas tendencias estéticas y como fruto de ese contagio, su arte produjo un torso de mujer que acusa marcada inclinación impresionista. A pesar de esta desviación hacia lo falso y lo grotesco, es de esperar que esta última obra de Valazza sea nomas un ensayo y que sus buenas cualidades de escultor no sean viciadas por la continuidad de nuevas ejecuciones similares.”

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VALAZZA, H., Figura. 1925, yeso, 150 x 65 x 60 cm (Col. MEC)

Para comprender el tono crítico de aquellas líneas conviene revisar algunas particularidades de la Figura (también mencionada en algunas fuentes como “Torso de mujer”) así como también de su contexto de producción y recepción. La obra representa una figura femenina que se encuentra arrodillada, con el torso levemente inclinado hacia adelante y la cabeza ladeada a su vez, acompañando el movimiento del torso, resultando en una singular torsión. A diferencia de las piezas enviadas previamente por el becario el torso no se inscribe dentro del género del retrato en el sentido convencional, ya que el artista no demuestra la intención de realizar un registro fiel del modelo, es decir, no se evidencia interés por captar su fisonomía. Se trata además de una figura incompleta, en cuyo desarrollo tampoco se atiende a las proporciones estéticas acordadas por el canon (por ej. los muslos tienen el mismo largo que el torso y la cabeza). Por otra parte, la superficie de la obra presenta una serie de marcas, a modo de “huellas” o “rastros” que recuerdan el trabajo del artista sobre la materia. Por último, la figura presenta también ciertos rasgos de carácter geometrizante. Es muy probable que esas características hayan llamado la atención del cronista inclinándolo a hablar del “espíritu inquieto” del escultor “contagiado por las nuevas tendencias estéticas”. Efectivamente, durante su recorrido europeo Valazza tuvo oportunidad de entrar en contacto con las producciones de ciertos artistas que, desde la década del diez, venían renovando el campo de la escultura en la escena artística europea. Artistas como Alexandre Archipenko, Ossip Zadkine, Joseph Csáky, Constantin Brancusi, Jacques Lipschitz, entre otros, eran mencionados por el escultor cordobés a su regreso a Córdoba como parte de sus referencias estéticas en escultura .
Por otra parte, el arribo a Córdoba del escultor y su obra se produjo en un clima muy particular generado, entre otras cosas, por la exposición de Emilio Pettoruti realizada en el Salón Fasce en los meses previos y la compra de la obra Bailarines por el gobernador Cárcano; estos  eventos habían despertado diversas reacciones, pero fundamentalmente había dado lugar a una polarización de opiniones entre quienes estaban a favor de la renovación artística a través de las tendencias del arte nuevo y aquellos que expresaban su rechazo por considerarlo un arte superficial.
Más allá de los primeros juicios, la Figura de Valazza fue objeto de diversos rescates y valoraciones a lo largo del tiempo, exhibiéndose en diversas ocasiones. En 1978, en un interesante artículo acerca de la colección del museo provincial de arte, el ex director del Museo Caraffa, Víctor M. Infante, señalaba que: “La escultura enviada por Héctor Valazza desde Alemania en 1925 es de tal jerarquía que merecería ser vaciada en bronce o hierro. Cada año que pasa se la valora más (Valazza fue el autor del Monumento al General Paz, en la ciudad de Oncativo).” 


REFERENCIAS

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